De
forma cíclica se vienen publicando las cifras de enfermos
de SIDA en todo el Estado; continúan bajando, pero no nos
dicen si el número de personas infectadas crece o no.
La
enfermedad se puede contener con la nueva medicación, pero
eso no significa que no resulte igualmente grave. Fácilmente
se puede caer en un falso triunfalismo que nos haga bajar los
niveles de prevención.
También
resulta preocupante la situación de las personas afectadas
por el VIH/SIDA, unas 120.000 según cifras estimadas. Todos
ellos sin derecho a suscribir una póliza de seguros o créditos,
viviendo bajo el peso del estigma social y el miedo irracional
a una enfermedad que no se contagia como un resfriado o una gripe,
sino que se transmite a través de determinadas prácticas.
A
pesar de que no se puede exigir el test de los anticuerpos del
VIH/SIDA a nivel laboral, la ruptura de la confidencialidad se
convierte en una amenaza continuada para acceder a un puesto de
trabajo..
Todos
estos condicionantes hacen que resulte muy difícil dar
la cara en público y este colectivo se convierte en invisible.
Además
en algunas comunidades autónomas (no es el caso de Cataluña)
han comenzado a suprimir las pensiones no contributivas de estos
enfermos basándose solamente en un aumento de sus defensas,
medida que resulta claramente discutible.
No
considerar los efectos secundarios de la medicación, olvidar
el tabú social todavía vigente y obviar las dificultades
de reinserción laboral es condenar a estas personas a una
muerte civil.
Jordi
Petit, Presidente de Honor de la Coordinadora Gay Lesbiana